Aportes para Colombia

Profesora Alicia Cabezudo, Ph.D.
Escuela de Ciencias de la Educación, Universidad Nacional de Rosario
Rosario, Argentina
International Peace Bureau – IPB Berlín
Universidad de Cartagena, Cartagena de Indias, Colombia

Introducción
En la historia de América Latina podemos reconocer una línea histórica en la cual aparece la reivindicación sistemática de la participación popular vinculada a la región geográfica en la que se habita y a la dimensión cultural con la que nos representamos, posicionándonos en cualquiera de los diversos países del inmenso territorio que habitamos.
En el continente se comparte además – entre muchas otras cosas – un estado de “reivindicación permanente” desde el momento en que el territorio en su totalidad y por ende los actuales estados-nación fueran conquistados por los imperios español y portugués poniendo fin a las dinastías autóctonas y a las comunidades nativas organizadas.
Estado reivindicativo que busca en primer lugar el conocimiento y respeto al profundo y milenario desarrollo cultural pre-existente a la conquista europea. Que reclama el reconocimiento de libertades individuales y colectivas con la práctica de procesos democráticos participativos y sustentables y que exige – por sobre todo – justicia social y económica para la población en su conjunto sin diferencias de ningún tipo.
Esta línea de reivindicaciones que aparece atravesada por avances y retrocesos marca también la historia de Colombia y siendo una impronta de indudable importancia, debería reflejarse en los objetivos, los contenidos y la planificación pedagógica del país en lo que se refiere a participación ciudadana y construcción de paz.
Sorprendentemente no han sido éstas las metas educativas prioritarias en Colombia, permaneciendo desligado el sistema formal escolar de la realidad política social, económica y cultural del país, así como de las demandas de las comunidades, de las regiones y de amplios sectores y grupos de la sociedad civil.
En contraposición a ello, las prácticas y experiencias en participación ciudadana se dan en el campo no formal – es decir en espacios no institucionales – la que asumió las problemáticas de la realidad circundante y las necesidades de los diversos territorios del país, así como la solicitud de reinvindicaciones y memoria vinculados a la circunstancia histórica nacional y a la sostenida violencia armada en que vivió Colombia por espacio de más de 60 años.
A lo largo de este extenso período y mediante la constitución de gran número de organizaciones, fundaciones, asociaciones, grupos de interés y corporaciones, se convocó a todos y todas los actores a reflexionar sobre temas de actualidad; a organizar actividades observando la realidad cercana; a desarrollar capacidades, habilidades y aptitudes que claramente promovían principios democráticos, construcción de ciudadanía, monitoreo y observación de políticas públicas; reconocimiento de derechos y participación de la sociedad civil en la toma de decisiones.
Desde una perspectiva pedagógica estos procesos pueden interpretarse también como intentos de construir una realidad menos violenta, abordar la resolución de conflictos mediante recursos innovadores y promover mediante la participación una Cultura de Paz sustentable – generalizando el aprendizaje de estrategias para superar las confrontaciones de diversa intensidad como las producidas en Colombia durante más de tres generaciones.
Es verdad que el rol de la educación y del sistema formal es el de reproductor. Rol que se obtiene mediante contenidos específicos (diseño curricular), en espacios acotados (escuelas, colegios, universidades, centros de enseñanza) y en tiempos específicos limitados (“tempo áulico”). Desplegando contenidos o “saberes”, valores y actitudes que una sociedad dada situada en un territorio geográfico y en un momento histórico determinado considera fundamentales y decisivos para su construcción como país y como estado político.
Pero la educación tiene también un rol transformador promoviendo pensamiento independiente, juicio crítico y metodología participativa en el proceso de aprendizaje así como una paulatina concientización acerca de los contextos ideológicos, culturales, sociales y económicos en que nos desarrollamos como personas, como sujetos políticos y como sujetos de derechos (Cabezudo, 2016; Haavelsrud, 2010; Monteiro & Tavares, 2010).
Este rol transformador permite construirnos en ciudadanos activos de un mundo complejo donde somos habitantes de una región específica, ciudadanos de un país, portadores de una cultura o culturas y al mismo tiempo nos permite conectar con un sistema global cada vez más interrelacionado que necesita de la solidaridad, fraternidad y cooperación de todos los habitantes del planeta. La práctica de la participación ciudadana es una herramienta básica para que se produzcan estos aprendizajes.
El Rol Transformador de la Educación y su vínculo con la participación
El rol transformador de la educación es el que corresponde a la educación para la Paz y la participación ciudadana donde el respeto a la dignidad de las personas y a su esencia como sujetos políticos se coloca en el centro de los contenidos, de las prácticas de aprendizaje, de la metodología de enseñanza y de las estrategias pedagógicas en el momento de planificar su abordaje didáctico.
Desde este rol transformador el aprendizaje y práctica de la participación ciudadana para construir la Paz adquieren una particular actualidad en el continente latinoamericano, al contrastar los valores que esta educación implica con los horrores de la violencia, guerra y destrucción que nos conmueven.
El caso de Colombia es emblemático en este aspecto.
Pese a su incuestionable importancia, la educación para la Paz y la ciudadanía activa – eje didáctico transversal de muchos diseños curriculares internacionales – ha sido concebida como una temática subsidiaria en la selección de contenidos del sistema educativo formal.
Eje didáctico necesario pero aleatorio. Importante pero no esencial. Presente pero ausente.
La educación para la Paz y la participación ciudadana se presenta como un discurso curricular que ennoblece sin modificar ni concebir alternativas nuevas en la formación de docentes y alumnos – formación cada vez más necesaria en el mundo en que vivimos y particularmente en territorios donde el conflicto armado ha sido permanente y la violencia impera en todos los niveles.
Este campo educativo es hoy un espacio pluridimensional e incluye un conjunto de conceptos, ideas y actividades que se desarrollan mediante acciones de sensibilización y divulgación así como prácticas pedagógicas en el ámbito de la educación formal, no formal e informal. Prácticas cuyos objetivos específicos se vinculan a principios esenciales de la convivencia humana tales como la solidaridad, la equidad, la cooperación, el respeto y defensa de los derechos – los que a su vez deben ser garantizados por las autoridades del Estado en toda sociedad democrática.

Construcción de participación y Paz en Colombia
Colombia – asolado por décadas de violencia armada extrema – a partir de los Acuerdos de La Habana de noviembre de 2016 inicia un complejo proceso de paulatina pacificación que será determinante en su historia política, económica y social – estableciendo las bases de una construcción de paz estable y duradera – ejemplo de extraordinarios alcances para procesos similares en otras latitudes.
La educación para la Paz y la participación ciudadana debe hacer uso de esos espacios disponibles introduciendo sus metas en el sistema educativo formal e involucrando a todos los niveles del aprendizaje. Por otra parte, es imposible hablar acerca de participación sin superar los métodos autoritarios de la gestión política y la gestión institucional educativa, adoptando en su lugar ideas de autonomía, responsabilidad y diálogo en todos los espacios posibles así como en los programas y actividades de las políticas públicas y el campo no formal.
En Colombia el problema fundamental radica no sólo en la existencia y/o persistencia de conflictos armados internos sino también en la omisión o violación sistemática de derechos económicos, sociales y culturales por parte de los gobiernos democráticamente constituidos, pese al status constitucional de los mencionados derechos.
Es fundamental que las prácticas de participación ciudadana operen como un vínculo entre el sistema jurídico formal existente y las demandas sociales de cumplimiento gubernamental y derechos – muchos de los cuales no son garantizados por las instituciones del Estado.
Si el objetivo de la educación es la preparación para la vida (Faure et al., 2005), promoviendo una actitud crítica y transformadora de quienes estudian – es fundamental la sensibilización acerca de la validez de la Paz y la participación en el seno de la sociedad reflejándose en un aprendizaje realista y consustanciado con los temas y problemas que enfrenta esta misma sociedad y sus miembros.
Por lo tanto la construcción de Cultura de Paz a través de una libre participación ciudadana debería ser un objetivo específico a lograr desde la supra-estructura política y, por supuesto, desde la estructura educativa oficial del Estado.
Este modelo político integral debe ser fortalecido para lograr la promoción de programas, proyectos, actividades y estrategias en temas vinculados a la Paz, – lo que presupone las siguientes aseveraciones en el campo pedagógico (Cabezudo, 2013, 2015):
• la Paz, los Derechos Humanos y el aprendizaje de herramientas y formas de participación ciudadana constituyen premisas racionales y objetivos inalienables en la educación colombiana
• los educadores en el campo formal y no formal deberían formarse en estos conceptos y sus prácticas, tanto en la enseñanza de grado como de post grado y especialización;
• la justicia, el respeto mutuo y el respeto a las diferencias pueden y deben ser enseñados y aprendidos;
• la población sujeta a procesos educativos debe construir pensamiento crítico y ser apoyados en la adquisición de conocimientos que enriquezcan su visión de asuntos y problemáticas regionales, nacionales e internacionales;
• debemos darles a los niños, jóvenes y población en general la oportunidad de vivir en una región donde la Paz, la justicia y la democracia sean valores prioritarios y todas las políticas conduzcan a este sentido;
• debemos desarrollar un proceso de concientización (Freire, 1970) acerca de la violencia de las estructuras socio-económicas en que vivimos, ya que estas estructuras son tan peligrosas como la violencia directa, el conflicto armado interno o la guerra externa.
La educación para la Paz es también constructora de ciudadanía mediante métodos participativos de enseñanza; análisis de la realidad; reflexión crítica sobre diferentes temas y problemas; conocimientos de derechos y aprendizaje de valores vinculados al respeto a la dignidad humana, la diversidad, las diferentes culturas y la justicia social – promoviendo al mismo tiempo una progresiva democratización del sistema educativo.
Proceso que conlleva el estudio y planificación de un programa de políticas públicas educativas en el que creemos debería presentar las siguientes características (Cabezudo, 2013):
• ser progresivo – es decir evolutivo, lento y profundo, teniendo en cuenta los conflictos sociales potenciales y sus resoluciones
• ser sistemático – coherente con un programa político general claramente definido
• ser global – acompañando a todas las otras políticas públicas que se apliquen
• debe implicar la recuperación de las identidades históricas y culturales del país – lo que permite a la población ser protagonista de la historia
• debe dar lugar a una serie de transformaciones en las estructuras y en los modos de vida de la sociedad transcendiendo la cultura de violencia imperante hacia una cultura de paz
Temáticas como la vida urbana y rural en las diversas regiones colombianas; la realidad de los diferentes grupos socio económicos y su problemática convivencia; las soluciones y los desencuentros ante los conflictos; la situación de los desplazados y su desamparo ante la ley; las nuevas propuestas sobre participación política; la solución al problema de la drogas ilícitas; la reforma rural y fiscal; el proceso de desarme; las nuevas modalidades de justicia son fundamentales para una sociedad en post conflicto armado – y deben extenderse pedagógicamente en un alcance mayor que el mero conocimiento.
Extenderse pedagógicamente significa – imperiosamente – que estos temas sean objeto de reflexión, discusión, investigación y crítica. En un ejercicio permanente de búsqueda de la verdad, de intercambio de opiniones, de aprendizajes individuales y colectivos, donde se plantean puntos de vista diversos y se aprende a respetar a todos aquellos que piensan diferente.
Concretamente debe irse del aprendizaje a la acción para buscar soluciones a estas problemáticas y la participación ciudadana en los temas generales y de interés común es el mecanismo para ello. Aprendizajes y prácticas nada fáciles por cierto.
La profunda desigualdad social, la carencia de recursos vitales , el desempleo y la miseria, la concentración de la propiedad de la tierra y una débil o casi inexistente reforma agraria así como la persistencia de problemas crónicos que desencadenaron el conflicto armado crean desesperanza y desconfianza en las autoridades gubernamentales por parte de la población.
Y es verdad que la aplicación de mecanismos autoritarios, control de información, crímenes e impunidad forman parte de la vida política contemporánea colombiana.
En realidad una educación para la participación ciudadana no tendría sentido, ni sería efectiva sin la ejecución de actividades que enfrenten a estos problemas apelando a la acción de todos los actores educativos en este tipo de prácticas en la que deben asumir un rol activo como agentes colaboradores y transformadores de la sociedad.
Proponemos que estas prácticas conducentes al tema que nos ocupa – la participación ciudadana como herramienta para construir Cultura de Paz en la etapa de post conflicto armado en Colombia – deberían cumplir las siguientes condiciones,
• ser experiencias colectivas dentro de un marco de igualdad en las relaciones grupales
• ser experiencias que conduzcan a la discusión y resolución de problemas – y no simplemente a la mera acumulación de datos o información.
• estar basadas en una relación horizontal de los actores del a experiencia, representando o anticipando la relaciones democráticas de la sociedad en su conjunto y las de las instituciones políticas del país que se habita.
• deben construir una conciencia pluralista, defensora de mecanismos no violentos en resolución de conflictos y sostén de los principios constitucionales de un Estado que se debe caracterizar por la observancia y respeto a los Derechos Humanos.

A Modo de Síntesis
La educación para la participación ciudadana como una herramienta fundamental para la construcción de Paz es hoy una obligación ética, una necesidad social y un imperativo incuestionable en el campo pedagógico colombiano.
Para ello es necesario articular sólidos puentes de trabajo y cooperación desde las instituciones del Estado con la sociedad civil, con las organizaciones no gubernamentales y con todos los actores públicos y privados.
Debe además revisarse conceptos pedagógicos tradicionales, evaluar las prácticas de aprendizaje realizadas y crear alternativas nuevas, elaborando proyectos desde cada uno de los espacios de vida y de trabajo – partiendo de la convicción que los esfuerzos para producir cambios y transformaciones no son antagónicos sino complementarios.
Como educadores involucrados en el proyecto de construir y promover la Paz creemos que se requiere una educación que no apunte solo al conocimiento sino que promueva la acción y participación permanente, el desarrollo del pensamiento crítico, la adquisición de métodos de reflexión intelectual y herramientas para un trabajo colectivo trascendente.
La incorporación y desarrollo de la participación ciudadana en Colombia implica además una posibilidad de mayor democratización del sistema político y múltiples caminos de empoderamiento social, así como el aprendizaje de lógicas estrategias de transformación.
Este empoderamiento social y político es histórico y contextualmente variable. No sabemos con anticipación cuán lejos puede ir en esta trayectoria Colombia HOY, pero SI sabemos que debe darse ya.
Que es URGENTE y que es NECESARIO.
Iniciemos este camino todos y todas, con el acompañamiento de los pueblos hermanos de América Latina quienes comparten el proceso iniciado en Colombia, lo apoyan y sostienen.
Para PRISMA – En Bogotá, noviembre 2018
Referencias
Cabezudo, Alicia (2013). Acerca de una educación para la paz, los derechos humanos y el desarme. Educação 36 (1), 44-49. http://revistaseletronicas.pucrs.br/ojs/index.php/faced/article/view/12313/8739
Cabezudo, A (2015). Educación de las comunidades en el espacio de la Ciudad Educadora. Revista TAREA 90, 28-33 Lima, Perú. http://tarea.org.pe/wp-content/uploads/2016/04/Tarea90_28_Alicia_Cabezudo.pdf
Cabezudo, A. & Haavelsrud, M. (2007). Rethinking Peace Education. En Charles Webel and Johan Galtung (Eds.) Handbook of Peace and Conflict Studies. London: Routledge/Taylor and Francis Book Ltd.
Faure, E., Herrera, F., Kaddoura, A.R., Lopes, H., Petrovski, A, Rahnema, M., Champion Ward, F. (2005). Aprender a Ser. Ediciones UNESCO. Madrid: Editorial Alianza.
Freire, P. (1970). Pedagogía del oprimido. México: Siglo XXI Editores.
Haavelsrud, M. (2010) El poder de la Educación. Aprendizajes para vivir en libertad. Tromso, Noruega: Ed.Arena.
Iglesias,C. (2006) Educar pacificando. Una pedagogía de los conflictos. Santiagode Compostela, España: Ed. Cultura de Paz.
Jaramillo,S. (2014, 13 de marzo). La Paz Territorial. Conferencia como Invitado
Principal en la Universidad de Harvard.

Martínez, V. (2001) Filosofía para hacer las Paces. Barcelona: Icaria.

Monteiro, A. & Tavares, C. (2010) El papel de la Educación en Derechos Humanos en la formación de la Ciudadanía Activa. Pernambuco, Brasil: Editorial Cortez.
Naciones Unidas. (1999). Resolución A/RES/53/243 – Declaración y Programa de
Acción sobre una Cultura de Paz.
CORPORACION CREER EN LA PAZ – CENPAZ

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