«Papi, llegó diciembre con su alegría!» Eran las expresiones de dos niñas al comenzar el mes. Las emisoras engalanaban la temporada con la música de Navidad y Caracol dejaba escuchar su legendaria propaganda comercial: «Año nuevo y navidad, caracol a sus oyentes formula votos fervientes de Paz y Prosperidad» Los días previos a la novena salian al bosque de la Colina, acompañadas de sus amigos del barrio y de Ana Maria Peña, que por muchos anos estuvo presente en sus juegos y aventuras infantiles Hacían fogatas, preparaban almuerzos campestres con arroz, papa porciones de carne y toda la sazón del ambiente familiar, claro que mientras hervia: recogian musgos, quiches, pajitas, para la elaboración del pesebre y al revisar el cocido, se habían colado a la olla, tres o cuatro ranitas saltarinas, para incrementar el almuerzo. El 16 en la noche, reunidos alrededor del pesebre alistaban: el chucho, la pandereta, pitos y algún tambor improvisado para rezar la novena y acompañar los villancicos tradicionales: A la nanita nana. los pastores de Belén, el burrito sabanero y demás que hacian agradable el encuentro y la oración. Muy cerca de la Noche Buena, escribian la Carta al Niño Dios con solicitudes especiales, propias de esa temporada: dos o tres juguetes, la ropa, platica para que el papa pudiera comprar regalos, salud para los padres, abuelitos y para que. en el estudio del próximo año, obtuvieran parabienes. Cuando los gozos se iniciaban, también venian risas y chistes, pero luego juntaban las manos, entornaban sus ojos al hacer la oración al Niño y se encantaban con la frase: «Todo lo que quieras pedir, pidelo! por los méritos de mi infancia y nada te será negado» … entonces colocaban en el árbol, los escritos para que No se olvidara del regalo de navidad Terminada la consideración de la novena, corrían por los dulces, la natilla y las galletas untadas de diablitos y salían al parqueadero donde esperaban otros vecinos con quien compartir los dulces y seguir jugando hasta cansarse. Recuerdo la expresión de felicidad en ese 25 de diciembre cuando Taty encontró su regalo, era un hermoso osito llamado «Kikoso risitas» con carita de ángel, boca recogida para chuparse el pulgar, piel de durazno, pestañas movedizas y abrigo de esquimal metido en una mochila para poder trasportarlo, mientras. Carol gozaba con su equipo de Fisher Price, que la hacía soñar con las ciencias médicas. Los juegos tempraneros despertaban a los adultos que apenas empezaban a conciliar el sueño por la larga espera de la noche de navidad. Al rato, ya se habían arreglado para salir a Misa en compañía de sus padres y juguetes Justo para la Consagración! El Kikoso irrumpió en el llanto de niño recién nacido y una religiosa que acompañaba al Sacerdote, bajó del Altar y arrebató el juguete por irrespeto a la Casa de Dios. Tathiana y Kikoso lloraban en coro, Carol corre y dice a la monjita: «Señora no sea ladrona, el Kikoso es el regalo que trajo el Niño Dios a mi hermanita». Los llantos eran ahogados por el tilin tilin de las campanas de la iglesia, tiempo aprovechado por el papito amoroso, para dirimir el conflicto infantil en la Misa de Navidad. Cerca de la puerta de la sacristía se recupera el juguete y dando la mano a las hijas, continúan atentos a la celebración El osito seguía llorando, quizás porque en su imaginación observó en la calle rumbo a la Iglesia, que muchos pequeños del barrio despertaron esa mañana sin el regalo de navidad. Sin embargo, al llegar al hermoso pesebre que adornaba la sala del hogar, oraron a los Reyes Magos que avanzaban a la Gruta de Belén, para pedirles que el 6 de enero, trajeran otros juguetes a los compañeritos, ya que el Niño Dios! los había olvidado por su premura de llegar a la tierra a salvar la humanidad.


Por: Daniel Quintero Trujillo

PSICOPEDAGOGO, CONFERENCISTA, ESCRITOR Y AUTOR DE NUMEROSAS OBRAS EN EL CAMPO DE LA EDUCACIÓN HIJO DILECTO DE CONVECCIÓN, NORTE DE SANTANDER 

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